Tu espalda esta arqueada y eso eleva aún más tus pechos,
no puedo parar de acariciarte,
todo lo que antes susurraba no es que fuera falso,
era solo para conseguir llegar aquí.
Ahora todo ha pasado y en mi mente solo queda tu mirada.
No se quien eres, te he dejado marchar por esa puerta
que separa el mundo externo de los extensos mares de ilusión de mi interior.
Se que no vas a volver y todavía tengo la sal de tus entrañas pegada en mi boca.
Félix Domínguez