Lejanos edificios, altas columnas de cristales y granito,
calles oscuras en ciudades imposibles;
siluetas de sombras arañando un mar de soledades.
Sólo veo la distancia y hay un aire que, doblando las esquinas,
mueve el pelo y arranca la nostalgia.
Charcos de lluvia en callejones reflejan las luces de neón,
espejos que marcan momentos de vacío insoportable,
colores tenues parpadean indicando que no tengo donde ir.
Apareces a lo lejos y una luz emana de tu cuerpo,
como música que arranca un sentimiento, me arrastras,
y llego a ti queriendo ya tenerte.
Labios húmedos brillan en tu fría cara,
tus ojos llenan todo mi cerebro, despacio, suave, furtivo deseo;
me acompañas cada paso haciendo que el frío sea de otros.
Sé que vienes de muy lejos, ya es viernes y te marchas.
¿Hasta cuándo? grita una voz en mi interior, rasgándome mientras te alejas.
Yo al despertar no recuerdo los sueños,
dijiste mientras mil sueños míos se partían.
Encerrándome en mi alma de juguete roto,
pensé si sería cierta la otra noche en que un Ángel pasó junto a mi cama.
Félix Domínguez