Desconozco el sentido de muchas cosas.
No sé por qué añoro estar sólo, no sé por qué desespero al estar sólo.
Desconozco en que consisten tus deseos, tampoco conozco los mios.
¿Cual será el final de este camino?, ha pasado el tiempo y no recuerdo el inicio.
¿Cómo he llegado aquí?, ¿por qué aquella tarde hablé contigo?, realmente no tenía nada que decir.
Un rojo de labios ardientes me cegó y he perdido la guía.
Ignoro el porqué del amor, sólo sé que mi alma se extremece en tu recuerdo.
Descargas eléctricas me perfilan permitiendo a los espíritus aferrarse a mí.
Puede que en alguna calle vea una señal que me guíe hasta encontrarte.
No es porque te haya perdido, es porque aún te desconozco.
Se que se ven estrellas desde tu ventana, yo pasé una noche mirándolas.
Todo se desvaneció antes del alba, fui yo quién dijo adiós.
Luego la niebla me torturó la garganta en una noche de taxistas hambrientos.
El acto está en tu cama pero es la mía la que tienen el esperma.
Cubierta con sabanas oscuras, alimentando la ilusión que siempre me destroza.
Ya no queda nada para llegar, pero no quiero seguir por este camino.
Estoy cansado del negro de tus ojos, quiero paisajes más azules, horizontes limpios que ahuyenten el dolor.
Recuerdo cuando me hablaste de aquello que te pasó en un viaje, quizás fue por mi interior.
La luz de un verano me cegó los ojos, ahora es invierno y todavía no consigo ver.
Quiero quitarme le velo que difumina tu figura, absorber tu flujo en imagen consciente.
Devorar con los labios lo que ya llevo tiempo devorando con la mente.
No tengo prisa por entrar en ti, no lo pidas con lujuria, hay antes otros placeres y no quiero renunciar a ellos.
Félix Domínguez