Amanece en este día de fiesta deseada,
ya aparece un sol que deslumbra las ilusiones.
Sabíamos que el final de esta noche era el final nuestra historia.
Salimos del bullicio como escondiéndonos,
temerosos de las miradas de seres anónimos que nos coartan.
Somos presa de nuestras ambiciones,
bailamos músicas que otros tocan y quizás no podemos entender.
Ya pasan las charangas recordándonos que otras gentes también viven,
que es una noche de presagios para la parte oscura.
Cubrimos los cuerpos con sabanas opacas,
intentando detener una luz que presagia decadencia y se cuela por miles de agujeros.
Es imparable el tiempo de la ruptura y no por conocido es menos doloroso.
Intento retener un instante más ese espacio de formas voluptuosas,
el aire de la mañana es frío y nos hace tiritar,  no por eso dejamos de besarnos,
es porque quiero tenerte un poco más, no consigo cansarme de ti.
Queda un sabor a vino en la boca, también queda un sabor de vacío y tristeza,
ideas que surgen intentando suplir la falta de palabras.
No hay nada que decir, ya está dicho todo.
Félix Domínguez