Introspección

¿Es el amor a la noche una forma de misantropía? Así podría pensarse dada la ausencia de personas y por tanto la carencia de necesidad de relaciones con el mundo.
La noche es silencio, soledad, reflexión, nostalgia, anhelo, paz, melancolía y también es deseo, romanticismo, pasión, miedo y enigma, pero ante todo la noche es intimidad, ensimismamiento, el tiempo para estar a solas con uno mismo, para miran en el interior, sin maquillajes ni encorsetamientos, a la noche no se le puede engañar ya que la noche es testigo de nuestros actos.
La noche también es seducción, la seducción de la soledad, la seducción más poderosa para los amantes de los lugares vacíos, por donde a esas horas nunca pasa nadie, vida desde la sombra, el “Teatro mágico”, “Entrada no para cualquiera. Solo para locos”, “La entrada cuesta la razón”. Un teatro solo para gente como tú.
Pero no es acaso en esta dualidad de luz y sombras, de orden y caos, al mirar en su interior, donde se muestra la duda del hombre sobre el sentido de su propia experiencia, donde se enfrenta consigo mismo y es ahí en esa lucha interior donde surge  la esperanza, la esperanza del amanecer, la búsqueda del rayo, la búsqueda eterna, continua, sin reposo de una tenue luz que ilumine la vida cotidiana, que nos de esperanza, que nos acerque al amor, que nos saque de la rutina oscura y desolada, que nos aleje de la tan temida soledad.
Buscamos en los bares, en las calles, en la ciudad llena de gente y también en la ciudad vacía, buscamos ser otros, ser amados, la belleza como resorte que nos arranque de la dolorosa sensación de vivir en un mundo sin sentido, buscamos emociones, alejarnos de la vida plana, estar integrados en el grupo, en las redes sociales e internet que nos permiten ser diferentes de cómo somos realmente, que nos permite mostrarnos tal como nos gustaría ser.
Ahondar en la experiencia humana, debatirnos entre la parte pública representada por la luz y la parte privada, representada por las zonas negras.
En cada fotografía quiero que el espectador haga suya la sensación de soledad, interiorizar la experiencia para hacerla propia,
más cercana a su propia existencia.
Por eso profundizo en la fotografía que busca “la ausencia de luz” o “la luz que rompe esa ausencia de luz”, buscando los contrastes entre las sombras, las luces y entre las siluetas de las personas que deambulan entres esas sombras, siempre lejanas y desconocidas, personas que no tienen un origen ni un destino, perdidas en la noche.
Oscuridad en contraposición a la luz, de un todo oscuro asoma una luz que presagia ilusión y entonces la vista, vehículo del alma, se fija en ella y siente un leve regocijo y surge la pregunta ¿que predomina más, la parte oscura o la parte lúcida? en el mundo bipolar, ¿qué parte se va apropiando de nosotros y qué puede presagiar una personalidad atormentada, melancólica, inconforme?