Abstracción

Adentrarnos en el yo, profundización mental para aislar conceptualmente una parte de un todo, centrarnos solamente en lo que vemos sin pensar en su contexto, reflexionar sobre ese momento concreto e ignorar el resto de circunstancias que envuelven ese objeto.
Salimos de la fotografía como muestrario de formas, objetos y situaciones y nos adentramos en la imagen hecha con luz, salimos de lo meramente circunstancial y entramos en las emociones de aquellos que estamos mirando.
Olvidamos la figuración, lo conocido visualmente, tal como paisajes, figuras, ya sean humanas o animales, dejando de lado toda información que no sea la obra en sí misma y que por tanto muestre una realidad distinta a la natural
Lo que hace que una fotografía sea igual que otra no es lo que identificamos en cada una, lo que nos quieren mostrar, las formas que identificamos en ellas, sino que si juntamos lo común a todas las fotografías y buscamos en esas imágenes, en lo que tienen en común, nos encontramos con la idea o concepto de fotografía. Dicho concepto por tanto procede del proceso mental de abstracción.
La obra abstracta existe por sí misma y utiliza sus propias formas, colores y líneas alejadas del mundo real, por tanto reducimos los componentes fundamentales de información de un fenómeno fotografiado para profundizar en sus formas más relevantes para formar conceptos.
A partir de ese momento lo que estamos mirando entra a formar parte de nosotros, de nuestra vidas y se confirma con un comportamiento explicito que nos permite ver que se ha logrado la abstracción.